Patricia: 10 días en silencio la ayudaron a curar el alma

Meditación Vipassana, concentración y relajación

Superó una profunda crisis emocional gracias a Vipassana, una práctica espiritual que no permite hablar ni mirar a los compañeros de retiro.

 

Gran conversadora, curiosa, culta y sensible; estos calificativos describen a la perfección a Patricia Illades, una mejicana menuda de 56 años que bajó al infierno y que supo salir por sí misma, con la ayuda de su mente y de una enorme fuerza de voluntad. En este camino hacia la superación encontró un apoyo fundamental en Vipassana, un retiro espiritual de 10 días en el que no está permitido hablar ni mantener contacto visual con nadie.

Nos reunimos con Patricia en Barcelona, donde estuvo de paso camino de Copenhague. Allí vive actualmente con sus dos hijos.

Cuéntamos un poco de tu vida…

Nací y me crié en Ciudad de México D.F. En aquellos años, México era una ciudad segura donde se podía vivir, así que tuve muy buena infancia y muy buena adolescencia; era una gran ciudad muy agradable. Terminé la carrera de medicina veterinaria y no sé ni cómo lo hice. Ahora sé que me equivoqué y lo reconozco, pues el amor a los animales no implica que puedas tener talento para ejercer de veterinario.Yo prácticamente terminaba llorando en el quirófano.

En realidad, soy más de comunicación, así que estudié también una carrera técnica en producción de Radio y Televisión, es decir, camarografía, locución… y eso sí que me gustó. De hecho, mi último empleo en México fue precisamente como locutora de radio en la Universidad Autónoma de México. Tenía un programa de literatura y me gustaba.

Patricia, meditación VipassanaDurante unas vacaciones en Europa conocí a una persona y me enamoré. Vivimos un año en México y después nos fuimos a Dinamarca, pero la relación se acabó y fue un golpe muy fuerte para mí. Los últimos tres años han sido los más difíciles de mi vida, luchando, luchando, luchando para salir adelante, para reponerme, para sanar la herida, y eso  es algo que tarda muchos años en curarse, la cicatrices quedan.

¿Tuviste que pedir ayuda para superar tu crisis?

Sí, empecé a buscar terapias, un apoyo. Y hay algo curioso que quiero contar: quise buscar la ayuda de un psiquiatra, alguien que hiciese una palanca para que yo me levantara, y cuando pedí cita a través del médico de cabecera me dijo: “no te quiero desilusionar pero, en Escandinavia, el médico especialista con más lista de espera es el psiquiatra”; me quedé sorprendida, después de tanto años viviendo en el país yo no estaba enterada de eso. Y la lista de espera era de cinco meses para arriba.

Para mí eso fue un choque enorme, y claro yo, al final, nunca fui con un psiquiatra. Como soy muy dada al esoterismo, a la magia, empecé a ir a sanadores y talleres que sentía que me podían ayudar.

¿Alguna vez habías tenido inquietudes espirituales?

Todo el tiempo desde niña tuve estas inclinaciones; como  decía, me gustan el esoterismo y los zodiacos, y fervientemente creo en eso. Mi signo, cáncer, es signo de agua, es muy espiritual, muy sensible.

Vipassana; relajación, meditación, concentraciónDe pequeña tuve mucha influencia por parte de una abuela católica que tenía una fe ciega. Me acuerdo de que íbamos caminando hasta la Basílica de la Virgen de Guadalupe (patrona de México), serían unos cuatro o cinco kilómetros y eso me ayudó mucho a forjar mi fe. A los 17 años, por increíble que parezca, yo era de las chicas que iba a misa a diario, y no es que fuera una santa, fumaba, iba a fiestas y bebía como todas las demás, pero iba a misa porque era algo que me llenaba. Me encantaban los rituales de la Iglesia Católica, que hacen todo muy mágico, esotérico.

Siempre tuve esta inclinación a las religiones, a las creencias espirituales; también leía sobre la vida del Buda y de Zarathustra.

¿Cómo fue tu primer contacto con Vipassana?

Gracias a un taller sobre Zarathustra vi por primera vez un librillo como de memorias, que hablaba de Vipassana y en el que había apuntada esta frase: “aunque hagas los 10 días del famoso curso de Vipassana, si tú no quieres realmente dar un cambio en tu vida, no lo vas a lograr”. Y esto fue como una explosión dentro de mi cabeza, una efervescencia, me dije: “tengo que investigar qué es esto”, y enseguida me enganché. Me quedé muy sorprendida cuando vi que era gratis, que sólo tenía que pagar la voluntad.

Entonces hice la solicitud en el centro Dhamma Neru, en Santa María de Palautordera (Barcelona). Cuando me aceptaron, el corazón me dio un vuelco de alegría; yo realmente no sabía a lo que iba, leí que tenía que estar 10 días en silencio y eso para mi era todo un reto, porque me encanta conversar.

No estaba segura, a ciencia cierta, de lo que era Vipassana: sabía que iban a tocar un “gong” a las 4 de la mañana y que a las 4:30  había que estar listos para empezar a meditar, pero algo me decía que estaba haciendo lo correcto.

Edificio Global Pagoda, meditación Vipassana, Mumbai, India

Centro Vipassana Global Pagoda, Mumbai, India. Foto: Pradeep/CC

Conforme se acercaba la fecha del curso, ¿cómo te preparaste para afrontar  lo que venía?, porque desde fuera no parece fácil, la disciplina es férrea.

 Si, es verdad, de hecho causa un poco de miedo, no podría negarlo. Me preguntaba: ¿lo voy a hacer, no lo voy a hacer?, ¿voy a dar el ancho o me quedaré en el camino?.

Sabía que no iba a pasar eso porque, por lo general, me gusta mucho terminar lo que comienzo; me preparé leyendo artículos y viendo vídeos de gente que ya había  hecho Vipassana, y gracias a eso se me fue quitando un poco el miedo. En Youtube están todos los discursos del maestro Goenka, empecé a escucharlos, me gustaron mucho y me dije “hay algo bello, adelante”.

Cuando llegas allí, ¿que es lo primero que encuentras?

Al llegar recogen los móviles, ordenadores, libros, libretas… cualquier cosa que te aleje de la concentración, de esta introspección tan densa en la que tienes que entrar. Allí no puedes leer, escribir, orar, practicar rituales, hacer ejercicio físico, ni siquiera yoga, porque lo importante, en estos 10 días, es la meditación.

 El primer día es muy divertido porque te dejan conversar, y yo me sentí como un pez en el agua hablando con todas las compañeras. Después de la cena hay una reunión en la que te explican cómo es el curso, te dan instrucciones, y a partir de allí te dicen que empieza el Noble Silencio, yo me dije “recuérdalo por favor, no se te vaya a olvidar”.

Habitación de un centro de meditación Vipassana

Habitación en el Centro Vipassana de Prachenburi, Tailandia. Foto: Battlestar

Dormimos todas en una gran habitación con literas, compartiendo el espacio con chicas que no conoces y no sabes cuáles son sus costumbres, sus hábitos. La primera noche había una señora que roncaba con brío, con gusto, con ánimo, pero al día siguiente alguien se lo dijo a la coordinadora y ésta quizá le pidió a la señora que se acomodara de otra manera. Lo cierto es que después de esa primera noche ya no volvió a pasar, solo en raras ocasiones. Así que la primera noche fue para todas…!!!bueno!!!

 ¿Cómo fue el primer día de Vipassana?

La primera mañana, cuando sonó el “gong” a las 4:00, lo primero que pensé fue  “si, si que es verdad que estoy aquí”. Yo  quería ser responsable y llegué demasiado temprano a la sala de meditación. Me levanté, me fui a acicalar al baño y a las 4:20 ya estaba fuera de la sala, pasando frío.

Creo que aquella primera mañana todas estábamos muy dispuestas, muy listas; esta fue mi sensación porque, en la práctica, tenemos que evitar cualquier contacto, incluso las miradas, ni contacto físico, si señas, ni gestos. Es una de las maravillas que te sorprenden del Vipassana, darte cuenta de que, a pesar de estar rodeada de tus compañeras, (porque hay segregación de hombres y mujeres) puedes hacer una introspección y llegar a sentir que estás verdaderamente aislada de todo.

¿Cómo es el Noble Silencio? ¿No podéís hablar nada en absoluto durante 10 días?

Puedes hablar con el profesor, para hacer alguna pregunta acerca de la práctica, o con la coordinadora por si tienes que pedir o comentar algo, pero ni siquiera con la servidoras puedes hablar; ellas están “entrenadas” para molestarnos lo menos posible y evitar el contacto.

¿Cómo es un día en Vipassana?

El Padre de Vipassana S.N.Goenka

S.N. Goenka, maestro Vipassana

La primera meditación dura desde las 4:30 de la madrugada hasta 6:30, que es cuando tocan el “gong” para el desayuno. El profesor llega sobre las 5:30 para los cánticos de S.N.Goenka. De 6:30 a 8:00 sirven el desayuno y a las 8:00 hay otra meditación hasta las 11:00,  hora de la comida.

Hay tres sesiones de meditación obligatorias en la sala: a las 8:00,  a las 14:30 y a las 18:00; en las otras puedes elegir entre seguir meditando en la sala o hacerlo en el dormitorio.

La meditación es una autoobservación, vas a observarte y a sentir tus sensaciones, todas las sensaciones de tu cuerpo. Se empieza con la Anapana, que es la concentración en la respiración, porque la mente está como un mono, que salta de una rama a otra, y así te das cuenta de lo mal educada que está nuestra mente, de cómo maniobra y te distrae. La base del Vipassana es la auto observación de las sensaciones, y ver cómo aparecen y desaparecen, la impermanencia, Aniccha en lengua Pali.

Lo peor son los dolores del cuerpo. Hay que buscar la posición de la meditación y duele, porque son muchas horas. Si tienes un problema en la columna o lo que sea, te ponen silla; pero la cuestión es saber cómo sentarse, porque sin respaldo, si no estás acostumbrada, el cuello y la espalda empiezan a resentirse. Afortunadamente, algunas meditaciones puedes hacerlas en la habitación, y en tu cama tú eliges como sentarte, si tener las piernas estiradas o dobladas, etc., y eso ayuda mucho; pero aún así, son muchas horas.

Meditación Vipassana, centro de Mumbai, India

Meditación Vipassana en la Global Pagoda de Mumbai, India. Foto: Cornflex/CC

En total, pasáis 10 horas meditando, ¿qué hacéis después?

 Acostarnos, irnos a dormir, porque ya nos caemos de sueño.

A las 18:00 h.  es la última meditación obligatoria en la sala y de 19:00 a 20:00 h. te ponen los discursos del Maestro S.N. Goenka, donde te cuentan un poco de su vida, de la vida del Buda y anécdotas de distintas situaciones relacionadas con Vipassana. Al final del discurso hay una última pequeña meditación de 30 minutos, para cerrar el día. Pero ya durante el discurso ves que hay gente que se cae de sueño.

¿Y las comidas? ¿Se acostumbra una a no comer desde el mediodía hasta las 6:30 del día siguiente?

Son dos comidas al día: a las 6:30 h. el desayuno y a las 11:00 la comida; luego, a las 17:00, las que hacen Vipassana por primera vez pueden comer dos buenas y suculentas piezas de fruta, mientras que las antiguas se toman una buena taza de te, con limón y jengibre, para que tengas “mucha vitamina C”.

 ¿Pero no pasáis un hambre atroz con esos horarios ?

Yo puedo controlar bastante eso, de hecho, me gustó porque me daba cuenta de que me estaba purificando, no solo de mente, si no también de cuerpo.

Y lo vas logrando: yo me di cuenta de que dormía muy bien, que mi estómago estaba encantado y que mi hígado era más feliz. Pero sí, extrañaba una buena cena, me imaginaba una pizza deliciosa y pensaba “en cuanto salga, me como tres”.

¿En algún momento pensaste en dejarlo?

Hay días clave: el segundo y el quinto o sexto día suelen ser los más peligrosos. De hecho, en mi primera experiencia en Vipassana un hombre se fue al segundo día y mi vecina de cama se fue al quinto, como un reloj.

Para mí fue difícil, alguna vez caminando por el jardín lloraba de tristeza, por los problemas que venía arrastrando. En un momento dado me dije “todavía faltan cinco días, échale ganas Patricia”, pero estaba contenta con lo que me estaba sucediendo, con el cambio que estaba dando.

¿ Y cuando se va acercando el final, qué pasa por tu mente?

Rueda del Dharma o de la Vida

La Rueda del Dharma o de la Vida

Es una muy buena pregunta porque, en realidad, yo hacia el octavo día estaba encantadísima de estar allí, me dije “qué lastima que solo dure 10 días”.

Personalmente, lo único que no me gustó mucho fue que se pudiese hablar desde el día anterior a la marcha. Entiendo que lo hacen para mentalizarte de que vas a salir otra vez al mundo y acostumbrarte al contacto, pero a mi me gustaría que el Noble Silencio se rompiese el onceavo día.

Otra cosa que cambiaría:  yo entregaría los móviles en el momento de la salida, y no la última noche, como se viene haciendo. Recuerdo que fui la última en recoger el móvil, porque no me interesaba. No lo cogí hasta el momento de irme.

¿Cómo es la reincorporación al mundo?

Para mi fue difícil, hubiese querido quedarme un poco más. Y, si, empecé a notar un poco de angustia y agitación mental, porque me había sentido muy bien, había trabajado muy duro y había logrado estar en paz después de tres años de tanto tormento.

Al salir tuve alteración en el sueño. Como en Vipassana me levantaba de madrugada, al salir estuve unos 15 días despertándome a las 4:40 h. y me ponía a meditar. Poco a poco fui volviendo a la normalidad.

¿Qué sacaste en claro de la primera experiencia?.

Que una puede salir adelante de cualquier situación cuando tiene el control de sí misma, cuanto llegas a conocerte, y eso es lo que la meditación Vipassana te ofrece: “conocerte”. Cuando lo consigues, te das cuenta de que nada es permanente, y que los sufrimientos, así como vienen, se van, desaparecen, y lo mismo la alegría. Empiezas a desprenderte de todos esos apegos que tienes por las cosas, porque sabes que en cualquier momento las puedes perder.

En mi caso, todo eso me caía como anillo al dedo, sentía que los discursos eran para mi, para decirme “ei, Patricia, escucha lo que te voy a decir”.  Porque yo nunca me hubiese imaginado que iba a perder todo lo que tenía, que mi matrimonio se iba a acabar, y de repente se vino abajo. Y así puede pasar con todo, con el trabajo, con la familia, con los padres y con tu propia vida, hoy estás pero al rato, ¿quien sabe?.

Y todo eso te lo van diciendo en los discursos y te van abriendo los ojos, te centran de una manera impresionante, como si maduraras, en diez días, lo que no has madurado en cincuenta años. Y es maravilloso.

Para que te hagas una idea de lo que ha significado esta experiencia para mi, te diré que mi vida está dividida entre el antes y el después de Vipassana Ahora no puedo imaginar un año sin asistir a un curso como éste. Se lo dije al profesor: “me parece que estoy creando un apego con Vipassana”.

Después de la primera experiencia, has repetido Vipassana en dos ocasiones más y has conocido a mucha gente. ¿Qué es lo que lleva a estas personas a estar 10 días en silencio, a despertarse a las cuatro de la mañana, a no levantar la mirada y comer en horarios extraños?. ¿Estamos tan mal, en general, que necesitamos ese parón, ese corte en nuestra vida?

Muchas de las personas que encuentras allí te cuentan situaciones de depresión, de sentirse en una crisis existencial muy severa o haber tenido experiencias decepcionantes; buscan ayuda. Otras personas que ya llevan tiempo en esto asumen Vipassana como un instrumento de superación personal o como una profundización en la práctica.

Meditación Vipassana, PatriciaPatricia está de nuevo en Copenhague, donde ejerce de guía turística, pero tiene ya en mente otro curso de Vipassana. Al igual que ella, mi compañera Alessandra también conoce a fondo esta experiencia y la recomienda fervorosamente, tanto, que me apuntó ella misma al próximo curso en Dhamma Neru (debe verme muy necesitada de paz…).

Aunque se levantó a las siete de la mañana para reservarme plaza a través de Internet, ya no había sitio, y eso que era el primer día de inscripciones. Estoy en lista de espera, una lista de espera larguísima, tanto para los hombres como para las mujeres. Algo debe tener esta práctica meditativa que crea adicción. O eso, o es que verdaderamente estamos muy necesitados de calma interior.

Muchas gracias, Patricia, por dedicarnos tu tiempo y abrirnos tu corazón. Y quizá nos encontremos pronto, en SILENCIO.

MD y AB / Esenciales. Fotos © Acróbata Fotos